El síndrome del salvador
Esta obra nace de una contradicción: de nuestra facilidad para detectar lo que los demás hacen mal y de la dificultad que a veces tenemos para detenernos a observar nuestros propios problemas.
Los balcones representan precisamente esa mirada hacia fuera. Desde ellos podemos observar la vida de los demás, sus casas, sus plantas, sus pequeñas historias… pero quizá cuanto más pendientes estamos de lo que ocurre al otro lado, menos atención prestamos a lo que tenemos delante de nosotros mismos.
La figura que riega las plantas mientras se asoma al exterior representa esa necesidad de cuidar, arreglar y mantener todo lo que está fuera. Una necesidad que puede llegar a convertirse en una forma de evitar aquello que realmente deberíamos atender: nuestra propia miseria, nuestras propias heridas y todo aquello que todavía tenemos pendiente de mejorar.
Porque a veces es mucho más sencillo señalar, aconsejar o intentar salvar a otra persona que reconocer que nosotros también necesitamos ayuda.
A veces no necesitamos salvar a nadie.
Necesitamos cerrar la ventana, dejar de mirar al balcón de al lado y empezar a ocuparnos del nuestro.
Tener esta obra colgada en casa puede ser también un recordatorio para ti: Si eres de esas personas que sienten la necesidad de cuidar, solucionar y salvar constantemente a los demás, quizá te recuerde que mirar hacia dentro y ocuparte de tus propias necesidades no es egoísmo: es una forma de cuidarte y también de relacionarte de una manera más sana con los demás.
Y si tienes cerca a alguien que siempre intenta salvarte, quizá esta obra te recuerde algo igual de importante: también tienes derecho a poner límites.
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